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VIRTUD Y VALORES

“Conviene repetirlo: el secreto de Ulises – y de toda la civilización occidental – es la virtud: un tipo de conducta trenzada con cuatro fibras fundamentales: la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. Cuatro fibras que son la respuesta homérica a la más urgente de las preguntas: qué significa ser hombre.”

José R. Ayllón, Qué leer cuanto antes” Ed. Homo Legens, 2022, p. 19

Este texto se utiliza en los programas de formación de EESED

Max Scheler (1874-1928), filósofo alemán destacado en el ámbito de la fenomenología y la ética, desarrolló una teoría de los valores que ocupa un lugar central en su pensamiento. Su enfoque se distingue por intentar construir una ética material de los valores, en contraposición con las éticas formales, como la kantiana, que se concentran en principios abstractos y universales. En cambio, Scheler afirma que los valores tienen una realidad objetiva y pueden ser experimentados de manera directa, sensible, y emocional. A lo largo de su obra, Scheler explora cómo los valores son entidades que existen independientemente de los individuos y las culturas, y que se revelan a través de la experiencia emotiva en el ser humano.

1. La estructura objetiva de los valores

Para Scheler, los valores son objetivos y existen independientemente de la percepción subjetiva del individuo. Según su perspectiva fenomenológica, los valores no son meras construcciones psicológicas o culturales, sino que poseen una objetividad que los hace accesibles al ser humano a través de un tipo particular de intuición: la intuición emotiva. Esto significa que los valores se captan no mediante el razonamiento lógico o el análisis conceptual, sino a través de los sentimientos, lo que representa un cambio radical en la forma de entender la relación del sujeto con el ámbito moral y ético.

Scheler critica las posiciones relativistas que sostienen que los valores son totalmente dependientes de contextos individuales o culturales, proponiendo en su lugar que estos existen en una especie de «esfera objetiva» de la realidad. Esta concepción lo acerca al pensamiento de Platón en cuanto a la existencia de valores universales e independientes, aunque Scheler difiere en que los valores no se encuentran en una dimensión metafísica separada de la experiencia humana, sino que pueden experimentarse en el aquí y ahora.

2. Los valores como cualidades de objetos y acciones

Una característica fundamental de los valores en Scheler es que se presentan como cualidades que ciertos objetos o acciones poseen de forma intrínseca. En este sentido, los valores no son algo «añadido» o «adjudicado» por el sujeto, sino que se perciben de manera directa en los objetos o acciones mismos. Por ejemplo, la valentía puede ser un valor que atribuimos a un acto heroico, pero en la perspectiva de Scheler, la valentía es una cualidad que se manifiesta en la acción heroica de forma independiente a nuestra evaluación subjetiva.

Esta visión de los valores como cualidades sugiere que son propiedades que ciertos actos y objetos poseen en sí mismos, y nuestra tarea ética consiste en reconocer esos valores y responder a ellos de manera adecuada. Este reconocimiento se da en un proceso de «sentimiento intencional» o intuición emocional que Scheler describe como un modo de percepción único, capaz de captar la presencia de valores sin necesidad de conceptos abstractos o razonamientos.

3. La jerarquía de los valores

Uno de los aportes más significativos de Scheler es su propuesta de una jerarquía de valores, que ordena los valores en una estructura de superioridad e inferioridad. Esta jerarquía se basa en el carácter intrínseco de los valores y en el grado de satisfacción que estos pueden proporcionar a la persona. Según Scheler, existen cuatro niveles principales de valores, ordenados de menor a mayor:

  1. Valores sensibles o hedónicos: asociados al placer y al dolor, como la comodidad, el bienestar físico y la evitación del sufrimiento. Son los valores más básicos y se relacionan directamente con la supervivencia y la satisfacción inmediata.
  2. Valores vitales: relacionados con la salud, la energía, el vigor y la vida en su totalidad. Estos valores abarcan aspectos que son esenciales para el desarrollo humano, como la vitalidad, el bienestar físico y mental, y la plenitud de la vida.
  3. Valores espirituales: estos incluyen valores estéticos (como la belleza), valores cognitivos (como la verdad) y valores religiosos (como la santidad). Son independientes del placer o de la vida en sí y apuntan hacia una realización de los aspectos más elevados del espíritu humano.
  4. Valores religiosos: los valores más altos en la jerarquía de Scheler, asociados con la divinidad, la santidad y lo sagrado. Estos valores reflejan una dimensión de trascendencia que se encuentra más allá de la experiencia ordinaria y conectan al ser humano con una realidad suprema.

Esta jerarquía se basa en la «dignidad» y «nobleza» de los valores, donde los valores superiores son más dignos y nobles que los inferiores. Scheler sostiene que los valores más altos tienen un carácter universal y absoluto, mientras que los valores más bajos tienden a ser más relativos y específicos a situaciones concretas. En su teoría ética, la correcta jerarquización y respuesta a los valores es una cuestión esencial para alcanzar una vida ética plena.

4. La intuición emotiva y la experiencia de los valores

La forma en que Scheler propone conocer los valores es a través de la intuición emotiva, una capacidad que permite captar los valores sin necesidad de conceptos racionales. Para él, el sentimiento es un tipo de conocimiento directo que permite acceder a la realidad objetiva de los valores. Esto supone una revisión importante de las ideas tradicionales en ética, ya que la intuición emotiva le da al sentimiento un papel central en la comprensión de lo ético y lo moral.

La intuición emotiva es capaz de percibir la jerarquía de valores sin mediación de razonamientos. Por ejemplo, el sentimiento de compasión frente al sufrimiento de otro revela de inmediato el valor de la dignidad humana, mientras que una experiencia estética nos permite acceder al valor de la belleza sin requerir una justificación conceptual. Según Scheler, esta intuición emotiva no se puede reducir a una mera reacción subjetiva, ya que permite captar los valores en su objetividad.

5. Valores, persona y comunidad

En el pensamiento de Scheler, la persona juega un papel crucial en la experiencia y realización de los valores. A diferencia de los meros individuos, las personas son seres capaces de captar valores y actuar en conformidad con ellos. La persona, para Scheler, es el «centro de actos» en el que los valores se reconocen y se viven. Esta concepción personalista también implica que los valores se realizan en comunidad, ya que el valor no es algo que existe en un aislamiento subjetivo, sino que se revela y cobra sentido en las relaciones interpersonales.

Además, la comunidad no solo actúa como un contexto en el que se viven los valores, sino que, en cierto sentido, contribuye a darles sentido y permanencia. Así, los valores tienen una dimensión social y se constituyen en la interacción entre personas, lo que da lugar a una ética social en la que la comunidad tiene un papel activo en la transmisión y realización de los valores.

6. La ética material de los valores

La teoría de Scheler constituye una ética material de los valores. Esto significa que, a diferencia de una ética formal (como la ética kantiana, basada en normas y principios abstractos), Scheler propone una ética que se fundamenta en los valores reales y concretos que experimentamos en la vida cotidiana. Esta ética no se basa en reglas universales, sino en una respuesta apropiada a los valores que se experimentan en situaciones específicas.

Para Scheler, actuar éticamente no es simplemente obedecer reglas universales, sino responder adecuadamente a los valores objetivos que se nos presentan en cada situación. Por ejemplo, la presencia del sufrimiento en otra persona requiere una respuesta de compasión, no porque una norma abstracta lo dictamine, sino porque el valor de la dignidad humana exige esa respuesta. La acción moral adecuada consiste en reconocer la jerarquía de valores en cada contexto y actuar de acuerdo con ella.

Conclusión

La teoría de los valores de Max Scheler constituye un aporte fundamental a la ética y a la fenomenología. Su concepción de los valores como entidades objetivas, su estructura jerárquica y la importancia de la intuición emotiva para captar los valores, ofrecen una perspectiva única que integra el ámbito ético con el aspecto emocional de la experiencia humana. Scheler logra colocar al ser humano como un agente que no solo actúa en conformidad con normas externas, sino que responde a valores objetivos a través de su sensibilidad y percepción emotiva.

Su enfoque también establece una relación importante entre ética, persona y comunidad, subrayando la naturaleza social y colectiva de los valores, que se descubren y realizan en interacción. Esta concepción de los valores y su ética material han influido significativamente en la ética contemporánea, especialmente en la ética fenomenológica y personalista, marcando un camino innovador en la búsqueda de comprender y vivir los valores de manera plena y auténtica.

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