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TEORÍAS CÍNICAS

«La interseccionalidad reconoce acertadamente que es posible discriminar de una forma particular a alguien que cae dentro de una «intersección» de varias identidades oprimidas- digamos negra y mujer- y que la ley actual sobre discriminación no era suficientemente específica para abordar este problema»

Helen Pluckrose y James Lindsay, Teorías Cínicas, Ed. Alianza Editorial, 2023, p. 67

Esta publicación se utiliza en los programas de formación de EESED

«Teorías Cínicas» es un libro escrito por Helen Pluckrose y James Lindsay, publicado en 2020, que ofrece un análisis crítico sobre las corrientes ideológicas que han dominado el pensamiento académico y cultural en las últimas décadas. El subtítulo del libro, “Cómo las universidades hicieron de todo sobre raza, género e identidad – y por qué esto perjudica a todos”, refleja el tono crítico que los autores adoptan frente a las teorías contemporáneas que, según ellos, han deformado la naturaleza del diálogo público y el debate académico.

El principal objetivo del libro es rastrear el desarrollo histórico y teórico de varias corrientes de pensamiento dentro del marco de lo que ellos llaman «teorías cínicas». Estas teorías incluyen el posmodernismo, los estudios de género, los estudios raciales críticos, el feminismo interseccional, la teoría queer y los estudios sobre la discapacidad. A lo largo del libro, los autores argumentan que estas teorías, aunque en algunos casos nacieron con buenas intenciones de justicia social, han derivado hacia posiciones dogmáticas que limitan el debate racional y fomentan divisiones sociales.

Contexto y orígenes del posmodernismo

Para comprender el argumento central del libro, es importante primero entender lo que los autores identifican como el origen de las «teorías cínicas»: el posmodernismo. Surgido en las décadas de 1960 y 1970, el posmodernismo es una corriente filosófica que se caracteriza por su escepticismo hacia las grandes narrativas y las verdades absolutas. Filósofos como Michel Foucault, Jacques Derrida y Jean-François Lyotard cuestionaron las estructuras de poder, la objetividad del conocimiento y los discursos que, según ellos, encubren relaciones desiguales de poder.

Según Pluckrose y Lindsay, el posmodernismo original se definía por un relativismo radical y una profunda crítica de las estructuras de poder. Afirmaban que el conocimiento no era una verdad objetiva, sino que estaba siempre mediado por el poder y las construcciones sociales. Esta postura generó un ambiente intelectual donde las certezas eran vistas con sospecha y se promovía la idea de que todo era susceptible a la interpretación subjetiva.

Sin embargo, los autores señalan que el posmodernismo, con el tiempo, mutó en lo que denominan «posmodernismo aplicado». A diferencia del posmodernismo original, que era relativista y escéptico frente a todas las formas de verdad, el posmodernismo aplicado adoptó una postura más rígida y normativa. Este posmodernismo se centró en áreas específicas como el género, la raza y la sexualidad, y dejó de lado el relativismo radical para abrazar nuevas formas de «verdades» sociales y culturales, como las ideas sobre la opresión sistémica y la identidad.

La transformación hacia las teorías contemporáneas

Pluckrose y Lindsay argumentan que, con el tiempo, el posmodernismo aplicado se transformó en un conjunto de teorías críticas que hoy dominan las universidades y la cultura popular. Estas teorías, aunque derivadas del pensamiento posmoderno, no se caracterizan por el relativismo radical, sino por una visión dogmática de la realidad, donde el poder y la opresión se entienden como inherentes a todas las estructuras sociales.

Uno de los puntos clave del libro es la noción de que las teorías contemporáneas se basan en un «conflicto de poder» permanente. Estas teorías asumen que la sociedad está estructurada en torno a jerarquías de opresión basadas en el género, la raza, la orientación sexual, la identidad de género y otras categorías de identidad. Así, el feminismo interseccional, la teoría crítica de la raza, los estudios queer y otras corrientes parten de la premisa de que las relaciones sociales están determinadas principalmente por el poder y la opresión.

Feminismo y teoría de género

Una de las críticas más desarrolladas en «Teorías Cínicas» es la que se dirige al feminismo contemporáneo, especialmente el feminismo interseccional. Según los autores, mientras que las primeras olas del feminismo se centraron en cuestiones de igualdad y derechos civiles, el feminismo contemporáneo ha adoptado un enfoque basado en la identidad y la victimización. El feminismo interseccional, una teoría que tiene sus raíces en el trabajo de Kimberlé Crenshaw, sostiene que las mujeres no solo experimentan opresión basada en su género, sino que esta opresión está entrelazada con otras formas de discriminación, como la raza, la clase social y la orientación sexual.

Pluckrose y Lindsay reconocen que la interseccionalidad surgió de una legítima preocupación por las complejas interacciones entre diferentes formas de discriminación. Sin embargo, argumentan que el enfoque interseccional ha derivado en una jerarquía de víctimas, donde se da mayor valor moral y autoridad a aquellos que ocupan múltiples posiciones de opresión. Este enfoque, según los autores, no solo fomenta la división, sino que también socava la capacidad para mantener un diálogo abierto y productivo, ya que cualquier crítica a las ideas interseccionales es vista como una forma de opresión o un intento de silenciar a los grupos marginados.

Teoría crítica de la raza

Otro aspecto clave del libro es su crítica a la teoría crítica de la raza. La teoría crítica de la raza, que se desarrolló en los años 70 y 80 en Estados Unidos, tiene como objetivo analizar cómo las leyes y las instituciones refuerzan y perpetúan el racismo estructural. Sin embargo, Pluckrose y Lindsay argumentan que, en su forma actual, la teoría crítica de la raza se ha convertido en una ideología dogmática que ve el racismo no como un comportamiento individual o un problema que se puede superar, sino como una característica inmutable de las sociedades occidentales. Esta postura lleva a una visión fatalista de la realidad, donde cualquier interacción entre individuos de diferentes razas es vista a través de la lente de la opresión racial.

Los autores sostienen que, aunque es innegable que el racismo sigue siendo un problema en muchas sociedades, la teoría crítica de la raza, en su encarnación actual, exagera su prevalencia y fomenta una desconfianza y polarización entre grupos raciales. Pluckrose y Lindsay argumentan que el enfoque en la identidad racial como factor central en las interacciones humanas refuerza las divisiones raciales en lugar de mitigarlas.

Teoría Queer y estudios de género

La teoría queer es otra de las teorías críticas analizadas por los autores. Esta corriente, que desafía las normas tradicionales sobre género y sexualidad, ha tenido un gran impacto en los debates actuales sobre la identidad de género y la orientación sexual. Sin embargo, Pluckrose y Lindsay critican lo que ven como el extremo al que ha llegado la teoría queer en su rechazo de cualquier categoría fija o norma social. La teoría queer, en su forma más radical, sostiene que todas las categorías de género y sexualidad son construcciones sociales que deben ser deconstruidas, lo que, según los autores, crea una confusión innecesaria y elimina la posibilidad de un entendimiento coherente sobre el sexo y el género.

Los autores argumentan que, si bien es importante cuestionar las normas que discriminan a las personas por su género o sexualidad, el rechazo absoluto de todas las categorías y normas ha llevado a una situación en la que cualquier intento de discutir estas cuestiones de forma razonada es visto como transfobia o intolerancia. Este ambiente, según ellos, ha sofocado el debate y ha creado una cultura donde la disidencia es castigada.

El problema del lenguaje

Un tema recurrente en «Teorías Cínicas» es el uso del lenguaje por parte de las teorías críticas. Los autores argumentan que estas teorías han creado su propio vocabulario, a menudo complicado y esotérico, que sirve para excluir a quienes no están familiarizados con sus términos y conceptos. Este lenguaje, que incluye términos como «privilegio blanco», «apropiación cultural», «microagresiones», entre otros, se utiliza para imponer una visión específica del mundo y para controlar el debate público.

Según Pluckrose y Lindsay, el uso de este lenguaje no solo dificulta el diálogo entre diferentes grupos, sino que también crea una especie de «policía del pensamiento», donde quienes no aceptan o entienden estos conceptos son acusados de ser cómplices de la opresión. Los autores argumentan que esto tiene un efecto negativo en el discurso público, ya que inhibe la posibilidad de un debate libre y abierto, y fomenta la autocensura entre quienes no comparten las premisas ideológicas de las teorías críticas.

Consecuencias para la sociedad

En la conclusión del libro, Pluckrose y Lindsay advierten sobre las consecuencias de la proliferación de estas teorías en la sociedad contemporánea. Argumentan que las teorías cínicas han fomentado un ambiente de división y desconfianza, donde las personas se ven a sí mismas no como individuos con derechos y responsabilidades, sino como miembros de grupos identitarios en constante conflicto. Esta visión del mundo, según los autores, refuerza las divisiones en lugar de superarlas, y socava los principios fundamentales de la Ilustración, como el universalismo, la libertad de expresión y el pensamiento crítico.

Los autores abogan por una vuelta a los ideales de la Ilustración, basados en la razón, la evidencia y el diálogo abierto, como una forma de superar las divisiones creadas por las teorías cínicas. Creen que, en lugar de centrarse exclusivamente en la identidad y la opresión, es necesario volver a una concepción de la humanidad que reconozca tanto nuestras diferencias como nuestras similitudes y que promueva el entendimiento mutuo en lugar de la hostilidad.

Conclusión

«Teorías Cínicas» es un análisis riguroso y provocador sobre el impacto de las teorías contemporáneas de raza, género y identidad en el debate público y académico. Aunque algunos pueden criticar a Pluckrose y Lindsay por simplificar o malinterpretar ciertos aspectos de las teorías críticas, su argumento central es que estas corrientes, en su forma actual, han fomentado la división y el dogmatismo en lugar de la igualdad y el entendimiento. Los autores llaman a un retorno a los ideales de la Ilustración como la mejor manera de promover una sociedad más justa y equitativa, donde el debate racional y la libertad de expresión sean valorados sobre la identidad y la ideología.

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