“La revolución de octubre estuvo dirigida a impedir que la CEDA participara en el Gobierno, una participación que parecía , tanto a los liberales de la clase media como a la izquierda revolucionaria, como un equivalente a la implantación del fascismo en España”.
Gabriel Jackson, “La República Española y la Guerra Civil”, Ed. RBA, 2005, p.144
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La Revolución de 1934 en España fue un levantamiento que tuvo lugar en octubre de ese año en diversas partes del país, aunque su epicentro fue Asturias. Esta insurrección se originó en un contexto de intensas tensiones sociales, políticas y económicas durante la Segunda República, un periodo que había comenzado en 1931 y que estaba marcado por el deseo de transformación social, así como por la polarización y la confrontación entre las fuerzas progresistas y conservadoras. La Revolución de 1934 refleja las luchas de la clase obrera, especialmente de los mineros asturianos, quienes veían en el gobierno del momento una amenaza a sus derechos y su bienestar.
Contexto Político: La Segunda República y el Bienio Radical-Cedista
Para entender la Revolución de 1934 es fundamental situarla en el contexto de la Segunda República Española, que había sido proclamada en 1931 tras la caída de la monarquía de Alfonso XIII. La República intentó implementar una serie de reformas progresistas en áreas como la educación, el trabajo, el reparto de tierras y la separación entre la Iglesia y el Estado. Sin embargo, las reformas encontraron fuerte resistencia de los sectores conservadores y de las élites económicas y militares, lo que generó una profunda polarización en el país.
Después de las elecciones de 1933, en las que las fuerzas de derecha obtuvieron una amplia mayoría, comenzó el conocido como Bienio Radical-Cedista. La Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), una coalición de partidos conservadores dirigida por José María Gil-Robles, apoyó al gobierno del Partido Republicano Radical, liderado por Alejandro Lerroux, y comenzó a implementar una serie de políticas que buscaban desmantelar algunas de las reformas progresistas introducidas en los primeros años de la República. Esto provocó un gran descontento entre los sectores de izquierda y, especialmente, entre los obreros, que veían cómo sus derechos y avances sociales se encontraban en peligro.
La situación se tornó aún más tensa cuando la CEDA solicitó una mayor participación en el gobierno. Para la izquierda, y en particular para los socialistas, el avance de la CEDA representaba una amenaza de un posible giro hacia el fascismo, ya que veían en la CEDA similitudes con los movimientos autoritarios de la época en Europa, como los de Mussolini en Italia y Hitler en Alemania.
El Estallido de la Revolución
La entrada de tres ministros de la CEDA en el gobierno de Lerroux el 5 de octubre de 1934 fue vista como la gota que colmó el vaso para las organizaciones de izquierda. En respuesta, la Alianza Obrera —una coalición de socialistas, comunistas y anarquistas— convocó una huelga general revolucionaria con el objetivo de detener el avance de lo que consideraban una amenaza autoritaria. La huelga se extendió a distintas regiones de España, aunque su fuerza y alcance variaron considerablemente.
En Cataluña, la huelga general fue significativa, y el presidente de la Generalitat, Lluís Companys, proclamó el Estado Catalán dentro de una República Federal Española. Sin embargo, la revuelta fue rápidamente sofocada por el gobierno central, y Companys y otros líderes catalanes fueron arrestados. En otras regiones, la huelga tuvo un menor impacto, y los enfrentamientos con las fuerzas del gobierno no alcanzaron la magnitud que se vería en Asturias.
La Revolución en Asturias
Asturias fue el principal escenario de la Revolución de 1934 y donde la insurrección alcanzó su mayor intensidad. La cuenca minera asturiana contaba con una fuerte presencia de sindicatos socialistas y anarquistas, y los mineros tenían una gran tradición de organización y lucha. Así, cuando estalló la huelga, los mineros asturianos se movilizaron en masa y tomaron el control de varias localidades, incluidos Gijón y Oviedo. Durante unos días, los revolucionarios llegaron a establecer una especie de “Comuna de Asturias”, con una estructura organizada que incluía comités de control obrero y distribución de alimentos.
Los mineros asturianos contaban con armas y explosivos que usaban en su trabajo diario, lo que les permitió enfrentarse a las fuerzas del orden y resistir durante varios días. Durante esta insurrección, los revolucionarios asturianos tomaron edificios públicos, quemaron iglesias —símbolos de poder y opresión para ellos— y enfrentaron a la Guardia Civil y al ejército. La situación en Asturias se tornó crítica, y el gobierno de Lerroux, con la CEDA apoyando la represión, ordenó el envío de unidades militares bajo el mando del general Francisco Franco para sofocar la revuelta.
La Represión y las Consecuencias
La represión en Asturias fue brutal. Las tropas del Ejército de África, compuestas en su mayoría por soldados moros y la Legión, llevaron a cabo una feroz campaña de reconquista de las zonas mineras. Las cifras de muertos y heridos fueron elevadas, y la represión incluyó ejecuciones sumarias, torturas y la detención de miles de personas, muchas de las cuales fueron encarceladas en condiciones duras. Se calcula que más de 2,000 personas perdieron la vida en la represión y que miles fueron encarceladas y procesadas.
La brutalidad de la represión tuvo un fuerte impacto en la sociedad española, profundizando las divisiones entre las clases trabajadoras y el gobierno conservador. La izquierda quedó marcada por la experiencia de Asturias y se radicalizó aún más, mientras que el gobierno justificó su respuesta como una medida necesaria para mantener el orden.
Impacto y Significado de la Revolución de 1934
La Revolución de 1934 y su violenta represión fueron un punto de inflexión en la historia de la Segunda República y una señal de las profundas divisiones que recorrían la sociedad española. Para muchos en la derecha, la insurrección fue una confirmación de que la izquierda española estaba dispuesta a destruir el orden democrático y llevar al país hacia una revolución socialista. Por otro lado, para la izquierda, la dura respuesta del gobierno fue una muestra de que el régimen republicano no estaba dispuesto a respetar los derechos de los trabajadores ni a implementar verdaderas reformas sociales.
El fracaso de la insurrección y la represión en Asturias crearon un resentimiento que fue en aumento durante los años siguientes y que se agudizaría en 1936 con la victoria del Frente Popular en las elecciones generales. Las tensiones acumuladas y la polarización política y social resultante del conflicto de 1934 prepararon el terreno para el golpe de Estado de julio de 1936, que desencadenaría la Guerra Civil Española.
Conclusión
La Revolución de 1934 en España fue un momento decisivo que reflejó las contradicciones y tensiones de la Segunda República. Este levantamiento fue una expresión de la desesperación y la radicalización de la clase obrera, que veía en el gobierno conservador una amenaza a sus derechos y conquistas. Sin embargo, la represión que siguió profundizó aún más las divisiones entre las distintas facciones políticas y sociales de España, acelerando el deterioro de la convivencia y la paz social.
En muchos sentidos, la Revolución de 1934 fue una premonición de la Guerra Civil Española, que comenzaría apenas dos años después. La dureza de la represión y la polarización política entre las facciones de izquierda y derecha marcaron el fin de cualquier posibilidad de reconciliación y compromiso, y dejaron claro que el conflicto era casi inevitable en un país dividido por profundas diferencias ideológicas y de clase.