“A menudo, los científicos son dogmáticos y prejuiciosos cuando afrontan ideas o evidencias que van en contra de sus creencias. Normalmente ignoran lo que no quieren afrontar”.
Rupert Sheldrake, “El espejismo de la ciencia”, Ed. Kairós, 2013, p. 387
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«El espejismo de la ciencia» es una obra en la que el biólogo británico Rupert Sheldrake cuestiona las bases del conocimiento científico y critica el enfoque dogmático que, según él, la ciencia moderna ha adoptado en ciertos aspectos. Sheldrake, conocido por su teoría de los campos morfogenéticos y su enfoque no convencional en biología, expone en este libro una serie de «dogmas» que, a su juicio, han limitado la evolución de la ciencia. Publicado en 2012, el libro invita a una reflexión profunda sobre la naturaleza de la ciencia, su relación con la espiritualidad y su potencial para ir más allá de los paradigmas actuales.
La Premisa de “El Espejismo de la Ciencia”
La tesis de Sheldrake en «El espejismo de la ciencia» sostiene que la ciencia ha pasado de ser una herramienta para explorar y entender el mundo a convertirse en una institución con dogmas propios, similares a los de la religión. Estos dogmas, afirma Sheldrake, están basados en una visión materialista de la realidad que asume que todo fenómeno puede explicarse únicamente a través de leyes físicas y procesos químicos, sin lugar para lo subjetivo o lo espiritual. Este enfoque, para Sheldrake, limita el potencial de la ciencia para hacer descubrimientos y comprender fenómenos que no se ajustan a este marco materialista.
Sheldrake identifica diez «dogmas» o creencias fundamentales de la ciencia moderna, entre las que incluye ideas como la suposición de que el universo es esencialmente mecánico, la visión de que la conciencia es un producto de la actividad cerebral y la creencia en que las leyes naturales son inmutables. Para él, estos dogmas actúan como filtros que sesgan la investigación y limitan la capacidad de la ciencia para aceptar o siquiera considerar explicaciones alternativas.
Los Diez Dogmas de la Ciencia
Sheldrake estructura el libro en torno a estos diez dogmas, cada uno de los cuales examina y desafía en profundidad:
- La naturaleza es mecánica: Sheldrake critica la idea de que el universo y todos sus componentes pueden ser vistos como máquinas inertes. Sostiene que, en lugar de una visión mecanicista, podríamos entender la naturaleza como algo vivo y dinámico, con propiedades emergentes que no se reducen a engranajes o piezas mecánicas.
- La materia es inconsciente: Otro dogma cuestionado es la creencia de que la conciencia es simplemente un producto de procesos físicos en el cerebro. Sheldrake se pregunta si es posible que la conciencia esté presente en alguna medida en toda la materia, una idea que lo acerca al panpsiquismo, una filosofía que sostiene que la conciencia es una propiedad fundamental del universo.
- Las leyes de la naturaleza son fijas: La ciencia tiende a ver las leyes físicas como inmutables, pero Sheldrake propone que estas leyes podrían ser más flexibles de lo que creemos, sugiriendo que las constantes universales podrían estar sujetas a cambio.
- La cantidad total de materia y energía es constante: La ley de conservación de la energía es otro principio fundamental de la física moderna, pero Sheldrake se pregunta si podría haber excepciones en ciertos contextos, como en los fenómenos de la mente o en conexiones a distancia que no siguen los principios habituales de causa y efecto.
- La naturaleza no tiene propósito: Este dogma sostiene que todos los fenómenos naturales son el resultado de procesos aleatorios sin dirección ni propósito. Sheldrake explora la posibilidad de que haya un propósito inherente en la evolución y en la organización de la vida.
- La herencia biológica es puramente material: En este punto, Sheldrake critica la idea de que toda la información genética esté contenida en el ADN y propone su teoría de los campos morfogenéticos, sugiriendo que existe un tipo de «memoria» en la naturaleza que influye en la forma y el comportamiento de los organismos.
- Los recuerdos se almacenan en el cerebro: En lugar de aceptar que los recuerdos son simplemente conexiones neuronales, Sheldrake sugiere que podrían ser externos, como si el cerebro accediera a un campo de memoria más amplio.
- La mente está confinada en el cráneo: Para Sheldrake, esta visión limita nuestra comprensión de fenómenos como la telepatía o la conexión entre individuos. La mente, según él, podría tener un alcance mucho mayor que el del propio cerebro.
- Los fenómenos psíquicos son ilusorios: La ciencia moderna tiende a desestimar fenómenos como la telepatía, pero Sheldrake considera que hay suficiente evidencia anecdótica para investigarlos de forma seria y rigurosa.
- La medicina mecanicista es la única efectiva: En el último dogma, Sheldrake señala que la medicina convencional asume que solo los tratamientos que actúan de forma mecánica en el cuerpo pueden ser efectivos. Él sugiere que los efectos de la mente y de las terapias alternativas podrían tener un rol legítimo y que merecen ser explorados.
Crítica a la Ciencia Materialista
En «El espejismo de la ciencia», Sheldrake critica el materialismo científico, la visión de que toda realidad es reducible a materia y energía sin cabida para lo inmaterial o espiritual. Este enfoque, según él, convierte a la ciencia en un sistema cerrado que se rehúsa a considerar ideas que no encajen en su marco teórico. Al ignorar el aspecto subjetivo, espiritual o consciente de la realidad, la ciencia materialista limita su capacidad para responder preguntas fundamentales sobre la vida, la mente y el universo.
Para Sheldrake, la ciencia materialista se ha vuelto tan dogmática que rechaza automáticamente cualquier fenómeno que no pueda explicar con sus leyes establecidas. Esto incluye fenómenos como la telepatía, la percepción extrasensorial y la sanación espiritual, los cuales, según él, podrían ser reales y merecen ser investigados de forma seria. La ciencia, al rehusarse a considerar estas posibilidades, pierde oportunidades para expandir su comprensión de la realidad.
La Propuesta de una Ciencia Abierta
Sheldrake propone una “ciencia abierta” que no se limite a los paradigmas materialistas y mecanicistas, sino que incluya una gama más amplia de fenómenos y posibilidades. Una ciencia abierta, para él, implicaría aceptar que ciertas preguntas podrían no tener respuestas inmediatas o absolutas y que la incertidumbre es una parte natural del conocimiento. Este enfoque implicaría un cambio de actitud hacia fenómenos que tradicionalmente se han considerado pseudocientíficos o supersticiosos, abordándolos con rigor pero sin prejuicios.
La propuesta de Sheldrake es que la ciencia se libere de sus propios dogmas y se abra a nuevas formas de explorar la realidad, incluyendo tanto el estudio de fenómenos inexplicables como la inclusión de una visión más espiritual y holística. Este cambio podría permitir a la ciencia avanzar hacia una comprensión más completa y menos fragmentada de la realidad.
Críticas y Controversias
La obra de Sheldrake ha generado críticas en el ámbito científico, donde muchos consideran que sus ideas son demasiado especulativas o incluso pseudocientíficas. Sus teorías sobre los campos morfogenéticos, por ejemplo, han sido ampliamente debatidas y rechazadas por la biología convencional. Para algunos científicos, el enfoque de Sheldrake representa un retroceso a explicaciones místicas que carecen de pruebas empíricas sólidas.
Sin embargo, sus seguidores sostienen que Sheldrake ofrece una perspectiva necesaria para contrarrestar el reduccionismo extremo de la ciencia materialista. Ven en su obra una invitación a mantener la mente abierta y a recordar que la ciencia, en última instancia, es un proceso de exploración y no una colección de verdades absolutas.
Conclusión
«El espejismo de la ciencia» es un libro provocador que desafía a la comunidad científica a reconsiderar sus supuestos más básicos. Rupert Sheldrake argumenta que la ciencia, en su forma actual, se ha vuelto excesivamente rígida y dogmática, y propone un enfoque más inclusivo y abierto que permita explorar fenómenos que, hasta ahora, han sido ignorados o descartados.
La obra de Sheldrake es una invitación a reflexionar sobre el papel de la ciencia en la sociedad y a considerar que, quizás, el conocimiento humano aún tiene fronteras por descubrir que se encuentran más allá de las limitaciones del paradigma materialista. Al proponer una “ciencia abierta”, Sheldrake sugiere una visión de la ciencia que no teme lo desconocido, sino que lo abraza como una oportunidad para enriquecer y expandir nuestra comprensión de la realidad.